El Grinch de la Navidad

Me encantaría escribir un texto bonito y dulce sobre la Navidad, sobre cómo hacer pastelillos y turrones sin azúcar para los más peques, cómo preparar un menú navideño excelente alejado de la ostentosidad calórica a la que nos vemos expuestos cada año o sobre consejos para secaros las lágrimas este enero después de Reyes, pero NO. Este post se lo dedico a todos aquellos que nos dificultan el trabajo cada día, a los que machacan la salud pública sin contemplaciones y se van de rositas, a todos aquellos que atentan contra el consumidor, confundiéndole y haciendo su relación con la comida tortuosa.

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A todos vosotros os deseo una FELIZ NO NAVIDAD.

A los intrusistas, que están como buitres esperando a su presa con fórmulas mágicas. Este enero os vais a poner las botas con la gente que haya engordado unos kilos de más y con los que se prometen a sí mismos adelgazar este año.

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A l@s health coach, bloguer@s, instagramer@s, que no saben ni hacer la O con un canuto en nutrición y salud pero aún así se jactan de sabérselas todas. Esas cuentas en redes sociales que aún promueven que el desayuno es la comida más importante del día y publican su correspondiente foto de “superalimentos” y frutas del trópico que han viajado más que Willy Fog. Gracias por vuestra contribución, la huella ecológica de vuestros alimentos tiene que calzar un 45. Y por cierto, los superalimentos no existen, son como Los Reyes Magos. Pobres de vuestros seguidores…

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A la sanidad pública, que permite que haya miles de pacientes desnutriéndose en los hospitales  y que haya embarazadas a punto de dar a luz cuyo desayuno sea azúcar con azúcar, por no incluir a los profesionales adecuados para acabar con estas tropelías.

Al gobierno, por no defender al consumidor y consentir que éste se vea perdido en un etiquetado ininteligible dentro de unos supermercados dónde no hay más que productos arbitrarios y superfluos, que son comprados para posteriormente ser consumidos al calor del hogar, encendiendo una televisión con un contenido perverso y confuso (o si no fijaos que empresas patrocinan esa frasecita de los anuncios), que incita a bajar al supermercado en coche a por más basura.

A las sociedades científicas vendidas, que patrocinan productos catalogados como indispensables y beneficiosos, para mayor confusión y frustración del consumidor, que ya no sabe ni como alimentar a su familia.

A la industria, que aprovecha cada etapa de nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos; cada momento, desde verano hasta Navidad, para vendernos algo insustancial que en mayor parte, solo contribuye a desvalijarnos el bolsillo y la salud.

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Y a los demás, a los que luchan activamente contra estos desmanes y a las víctimas de los mismos, ¡os deseo unas felices y saludables fiestas!

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